Cada vez que el tiempo hace flamear su bandera
delirante y arroja al vacío su descontento
hacemos ese viaje comprendiendo que aún
con heridas y melancolía, embotellados en esa
cápsula de veinticuatro horas del día, avanzamos
sin retórica ni prosapia, en esa galería cotidiana
donde nos acompaña el mismo paisaje, la misma
odiosidad sin límites, el mismo crepúsculo
diseminado, los mismos cuadros y árboles, la
misma ciudad, el viento desbocado sobre el estanque
de nuestra vida, desnuda y apacible.
Abigarradas palabras no alcanzan el músculo
del silencio, ni la quietud del balcón, porque
la tempestad ya pasó, cesó la lluvia de motivos,
el verso fácil, la sonrisa, el encontrarte en mi naufragio,
el creer que era cierto ese relámpago que vertías
en medio de esa danza de fantasías.
Ya no habitan mis sábanas mis apasionados versos
ni despiertan de su letargo vigilante los abrazos.
Hay murmuraciones vagas de las paredes, donde había
un tigre hambriento, un rayo que derretía el sostén
de su mullida sombra.
Me sometí, es cierto, ahora mi paisaje es una selva
sin límites, donde desollaron mi credulidad y las fieras
del desprecio me muestran sus afilados dientes.
Te di la luz de mi amanecer, al alba de mi pureza,
sin preguntar nada, con temblor y gemidos sofocados,
ansiosa ninfa que cree que sería un preciado regalo.
Amante torpe de invertida órbita, tu columna de fuego
de espejo fragmentado proyectó vagas sombras
imprecisas sobre la mandrágora.
Quedé a media noche, suspendida, como araña metálica
en un carrusel que da vueltas y vueltas y se esmalta
en el tiempo como un trazo impresionista.
Me has hecho mal, desde tu tótem, porque no has
comprendido la caricia del pétalo sobre el agua,
la pradera imantada de rosas y gacelas.
No supiste esperar el adagio, ni arrancar acordes
besando mis pies o mis raíces.
Fue una trampa oscura, el derrumbe desgarrado
de una mala desición. El esquema rutilante solo fue
una mala pantalla de complejo animal inseguro.
Fui el cervatillo fácil en medio de los árboles en
penumbra.
Voy a cuestas con ese error, que primero fue culpa
de terca fijación que lapidó mi paz, pero ahora
sin la máscara de boca desfigurada que oculta
los miedos y aparta los escombros y las piedras;
pasa a ser solo una cuerda rota de un arpa
tocada a destiempo de partitura sin memoria.
Malu de Lujan









