Abrete turgente
a la supremacía de mi cuerpo
y siente la desmayada alegoría.
Eres amanecer de mi espasmo
en el valle ampuloso de mi deseo.
Me viertes tu rocío
en el rezo encadenado
herencia de interludios
que perseveran.
Me recorres sinuoso
en la explanada
avanzas por el lánguido reflejo
estado de vigilia
donde florecen amapolas.
Te incorporas con mansedumbre
me entregas la ofrenda
con alborozo,
en la orilla repleta de inocencia
crece el jazmín y reparte su fragancia,
no tarda la plegaria
en empuñar su ruego
y cae el sollozo
en la confluencia del beso.
Me amas en el desamparo
tembloroso
transido de aurora.
Se cierra el silencio
y en la hiedra de tus brazos
me estremezco.
Malu de Lujan

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